Archive for Mayo, 2007

La longitud de los dedos muestra cómo sera su futuro en la matemáticas

h1 Viernes, Mayo 25th, 2007

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Segun una investigacion realizada en la Universidad de Bath (U.K) y publicada en el British Journal of Psychology se puede predecir como saldra nuestro hijo en un examen de matematicas con solo mirarle sus manos.

Los psicólogos probaron que los resultados en pruebas de matemáticas están ligados a la longitud de dedos. Las alumnas con el dedo anular más largo que el índice son mejores en matemáticas. Los científicos creen que las tendencias se pueden explicar por los niveles de la testosterona y de estrogeno a las cuales los niños son expuestos en a matriz. Las hormonas del sexo gobernarian el desarrollo del cerebro así como longitud del dedo.

Para saberlo los cienti­ficos tomaron las medidas de los dedos i­ndice y anular de las manos derechas de 75 niños de 7 años de edad para llegar a estas conclusiones.

Perder la Paciencia: Cuando Aparece el Grito

h1 Martes, Mayo 1st, 2007
Gritar es una manera de descargarse que fomenta inseguridad en los chicos. Cómo lograr un cambio en esos momentos de impaciencia.

Un bebé pequeño transmite tanta ternura que difícilmente el cansancio de la mamá y su malhumor se descarguen sobre él en la forma de un grito. Pero, a medida que el bebé crece, la distancia puede perderse y algunas mamás, en el colmo de su agobio, terminan por descargarse con gritos. “Yo soy re-gritona”, reconoce Maia, mamá de Lucas y Santiago. Y lo mismo agregan, en reunión, Marisol, Marcela y Marianela… ¿Un mal que afecta a las madres cuyo nombre empieza con “M”? ¡De ningún modo! La verdad es que la mayoría de las mujeres confiesa que los hijos les hacen perder la paciencia. Y no se habla tanto de los papás no por virtud sino porque suelen tener menos tiempo de “exposición” con los chicos. La cuestión se alivia si se puede reflexionar por qué ocurre y cómo se manifiesta esa impaciencia.
Ante todo, la mamá -como también el papá- tiene que reconocer cuando se encuentra sin control. Algunas veces ocurre que a pesar de esto siguen adelante como si no pudieran evitarlo. Sin embargo, hay que pensar en las consecuencias desagradables que deja el grito enérgico tanto en el niño pequeño como en el propio adulto. Seguramente, recuperada la calma, se siente una especie de remordimiento y la seguridad de haberse excedido. Por eso, cuando se está bajo el impulso, hay que procurar alejarse de la escena por un rato y retomar la cuestión luego. Otra forma es alternar el puesto con el cónyuge, sin esperar que lleguen los momentos de mayor impaciencia.
Una cuestión adicional es comprender qué significa el grito. Es una reacción poco aceptada en el adulto, precisamente porque habla de una incapacidad -circunstancial- para expresar el enojo o los límites de maneras más adecuadas. Los niños gritan, patalean, lloran o molestan porque no conocen todavía modos verbales suficientes para hacer saber lo que les ocurre: tienen hambre y lloran; tienen sueño y se ponen fastidiosos. Pero el adulto sí es capaz de examinar y detectar qué le está afectando. El cansancio, el enojo con otro adulto, un fracaso, una incertidumbre… son todas circunstancias habituales que afectan las relaciones interpersonales. Cuánto más un vínculo tan íntimo y demandante como es el de las mamás con los hijos pequeños. Pero esa dificultad no impide reflexionar. Por eso, ante un desborde de impaciencia, la mamá debería separar las situaciones y medir cuánto de ese grito lanzado a los chiquitos realmente se debe a ellos. Si sirve, el primer “consejo” es ese: separarse (físicamente incluso) de la situación y tomar unos minutos para explorar la causa real de la impaciencia. Muy frecuentemente, es el mismo cansancio y la falta de compensaciones personales, como salir a tomar un café o dar una vuelta.

Cómo dirigirse a los chicos cuando se han portado mal

Es natural que mamá esté enojada, y el grito es una manera de expresarlo. Sin embargo, habrá que medir el volumen en cada situación y con cada niño. No todas sus conductas admiten el mismo nivel de enojo ni todos los hermanos necesitan una voz enérgica para obedecer. Asimismo, la costumbre de levantar la voz hará que los chicos pierdan la confianza en el contenido que se esconde bajo el grito. Y si éste ya no funciona, ¿qué viene después? Una mamá que se altera sistemáticamente ante la indisciplina, podría pasar luego a niveles de castigo peores que gritar.

Para evitar llegar a tanta impaciencia es útil pensar lo siguiente:

-La disciplina -la distinción entre lo que está bien y lo que está mal- es buena y necesaria. Pero los límites eficaces no son aquellos que se marcan de manera rígida e inflexible ni tampoco de manera permisiva. La primera produce chicos sumisos e incapaces de autocontrol cuando no están los padres para ponerles ese límite. Los padres demasiado permisivos, que consienten a los hijos desde pequeños, no los ayudan a enfrentarse al mundo real. En ambos casos, los chicos no se sienten queridos.
-Una disciplina más constructiva es la que fija límites justos y los hace respetar con firmeza, en todas las ocasiones, pero con amor: dando al hijo la certeza de que se lo acepta como persona, aunque el se haya portado mal en esa ocasión.
-Los niños necesitan límites. No pueden, como el adulto, controlar sus propios impulsos. Ahora bien, cuáles son los límites que se van a fijar dependerá de un orden de prioridades: no se debería adoptar una actitud de exigencia permanente. En algunos hogares, comer en cualquier parte no está permitido; en otros, no se puede tocar la mesa de trabajo de papá o mamá. Lo importante es dejar clara la regla y mantenerla.
-Es adecuado enseñar a los chicos normas de cortesía desde pequeños y a compartir y respetar las cosas de los demás. Esto hará más fácil continuar la crianza en los años venideros. Por eso, no hay que caer en la tentación de consentir al pequeño bebé que nos sonríe luego de una “diablura”, o incluso al que empieza a llorar ante el primer “no”. Hay que mantenerse firme.
-No olvidar que una mala conducta no define a un niño como “malo”. Los pequeños no tiran un vaso de agua por maldad. Están aprendiendo el mundo por vía de la experimentación. Entonces, consecuencias que son “terribles” para un adulto (por ejemplo, una hoja de trabajo empapada) pueden tener una causa verdaderamente accidental (o no tanto, si la mamá la dejó sin vigilancia y al alcance del chico). Es lógico el malhumor, pero no siempre el niño es el único responsable.
-Por lo mismo que se dijo, hay que eliminar reproches que tiendan a definir al niño como malo: cambiar por frases que sólo aludan al acto concreto: “está mal tirar el pelo al amiguito”, y no decir “fuiste malo con él”. Un chico que escucha frecuentemente un juicio negativo sobre su persona (y no sobre acciones individuales y aisladas) puede terminar “cumpliendo” con ese rótulo que se le colocó.

Hay, sin duda, muchas instancias previas antes de llegar al enojo más radical o al grito. Si el primer “no” no funciona, puede ser seguido de una acción como apartar al niño de la situación. Si es necesario, puede llevárselo a otro espacio de la casa, como su cuarto, pero sin cerrarle la puerta. Si se trata de un bebé pequeño, se olvidará rápidamente de lo que tenía ante la vista. Distraerlo con otro juguete o una canción -o un relato cuando es mayorcito- pueden ser recursos muy efectivos para calmar al bebé y, en consecuencia, calmarse uno mismo. Poner música puede ayudarlos a todos.

Sin cargarse con una culpa excesiva ante un desborde de impaciencia eventual, pero con la certeza de que todos podemos mejorar como padres, es útil pensar que antes de poder poner límites a un niño, es necesario que el adulto pueda ponerse límites a sí mismo.

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

Adios a mi tiempo libre ?

h1 Martes, Mayo 1st, 2007

Catorce horas diarias sin parar de trabajar, noches en vela, siete días a la semana de guardia… Esta podría ser la agenda de cualquier recién estrenado papá. Y si le sumamos las ajetreadas tareas típicas de estas fechas, la vida social y el tiempo de asueto parecen esfumarse en el preciso momento en que tu hijo llegó al mundo. Pero ¡que no cunda el pánico!

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Desde luego que la paternidad puede suponer, si no el mayor, sí uno de los cambios más drásticos de tu vida; esto no significa necesariamente que debas renunciar a tu tiempo libre.
Tampoco será todo color de rosa. Ser padre, y más aún si eres primerizo, es una experiencia agotadora; tendrás que adoptar un nuevo rol y asumir muchas responsabilidades que consumirán la mayor parte de tus horas. Pero tanto tú como tu pareja necesitáis tiempo libre; disponer de él no es un lujo sino una necesidad. Y encontrarlo es sólo cuestión de organización.

Tiempo para ti

Generalmente las madres suelen hacerse cargo del cuidado del bebé en exclusiva, especialmente durante sus primeros meses de vida. En primer lugar, si éste es tu caso y eres la cuidadora principal, empieza reservando a diario un mínimo de media hora para ti misma, para darte un baño, leer un libro o una revista o hablar por teléfono con una amiga.
Pero no seas demasiado estricta a la hora de planificar tu jornada: sé flexible con la rutina diaria. Las necesidades del bebé cambian constantemente y si se despierta por sorpresa, te habrás quedado sin esa media hora con la que contabas.
Aprovecha los momentos en los que el bebé está dormido para descansar. Cuando estás agotada es más importante una siesta que encerar la mesa del comedor. No pasa nada por dormir durante el día, piensa que probablemente tendrás que despertarte por la noche.

Pero sacar media hora para descansar mientras el bebé está dormido no significa tener tiempo libre. Para ello deberás alejarte del ambiente de tu casa. Cuando quedes con alguien, por ejemplo trata de hacerlo en un lugar distinto de tu hogar. Si estás en casa, inevitablemente, acabarás dedicándote al bebé y despreocupándote de tu invitado.

No te sientas culpable

Te será mucho más fácil encontrar tiempo libre si aceptas la ayuda de los demás. No te hagas la valiente, ni tengas remordimientos de culpabilidad pensando que no eres buena madre por dejar que otros cuiden de tu bebé.
Es normal que al principio te sientas rara alejándote de él, pero con el tiempo empezarás a confiar en los cuidadores. Debes ser consciente de que las supermamás no existen y tu necesario descanso, a la larga, será beneficioso para tu pequeño en muchos aspectos:

-Pasar cortos periodos de tiempo lejos del bebé es bueno para que se acostumbre a tus ausencias (pronto aprenderá que siempre vuelves). Así empezará a sentir confianza y desarrollará sus habilidades sociales al tener que relacionarse con otras personas.
- Cuando vuelvas a verle disfrutarás más del bebé.
- Una pausa te ayudará a sentirte relajada y descansada, lo que significa que afrontarás mejor la situación del cuidado del bebé.

Tiempo en pareja

Aprovecha al máximo el tiempo en casa con tu pareja. Al principio podrá sentirse un poco dejado de lado, por lo que es importante reservar tiempo para los dos solos. Aunque te parecerá extraño planificar una cita para estar a solas, si intentas que sea algo espontáneo, siempre te parecerá que no tienes tiempo o decidirás que el bebé es más importante. Dedica un tiempo, al menos un día al mes, a estar los dos solos sin interrupciones.
También es conveniente que sigáis con las costumbres que teníais antes. Este tiempo juntos contribuirá a crear una imagen de normalidad y en la medida de lo posible tratad de desconectar y que la conversación no gire siempre en torno al bebé. Recuerda que además de padres seguís siendo una pareja, ¡y no es incompatible!

Salir

Un bebé no debe impediros continuar con algunas de las aficiones que tenías antes de ser padres, como practicar un deporte por ejemplo. Si no siempre encuentras a alguien que lo cuide mientras, ¿por qué no te animas a realizar un deporte que puedas disfrutar con tu pequeño? Natación, footing, etc.
No rechacéis invitaciones por norma y, si es posible, procurad no llevar al bebé con vosotros a todas partes. Encuentra un canguro de confianza y, si le das el pecho, sácate la leche para que no tengáis que acortar la velada.
Cuando el bebé sea un poco mayor, podéis recurrir a alguien que le cuide durante más tiempo, los abuelos seguro que estarán encantados de quedarse con él mientras disfrutáis de un fin de semana de viaje los dos solos.