“Al enterarnos de que íbamos a ser padres, nos emocionamos muchísimo, pero teníamos tantas dudas acerca del embarazo y del parto así que nos compramos libros, revistas y nos inscribimos en el curso de psicoprofilácticos Nacer y Crecer con Poly y Eli.
En este curso vimos todo acerca de un parto natural, la cesárea y algo sobre parto en agua, en lo personal me llamó muchísimo la atención el parto en agua por que parte de la idea de que una mujer tiene el cuerpo diseñado para dar a luz de manera natural sin intervención de los métodos quirúrgicos, una mujer debe confiar en su cuerpo y en la sabiduría que le da su instinto para dar a luz, lo cual me pareció profundamente humano y respetuoso de la mujer.
A las 25 semanas de embarazo nos decidimos a tener un parto en agua, por lo que empezamos a averiguar más acerca de esto. Teníamos muchas dudas que fuimos resolviendo con la información que conseguimos.
Decididos a seguir con nuestro proyecto de parto en agua lo comentamos con nuestro ginecólogo, él nos dio una serie de pretextos desde que no estaba de acuerdo por que consideraba que un parto en agua era antihigiénico, hasta que no quería moverse de sus hospitales donde habitualmente trabaja. Al no recibir apoyo nos sentimos frustrados y comenzamos a luchar por lo que queríamos. Visitamos a otro ginecólogo que no nos recibió, sentimos nosotros que por “ética” profesional o por amistad con nuestro antiguo ginecólogo.
Nos acercamos a Eli y ella nos recomendó al Dr. Ricardo Chapa que en la primera consulta acepto atendernos y apoyarnos en nuestro proyecto, lo cual fue un gran alivio.
Nuestro proyecto de parto no era únicamente tener un parto en agua sino tener un parto totalmente natural y suave. Esto implicaba no inducir el parto, no usar medicamento y dejar que el proceso natural se fuera dando en su tiempo. Sin embargo fuimos conscientes de que las cosas no son siempre como uno las planea y menos con cuestiones de la naturaleza, así que estábamos abiertos a cualquier cambio de planes: desde una anestesia hasta una cesárea y sobre todo en ningún momento poner en riego la vida del bebé.
Nos encontramos con que ninguno de los que participarían en el parto había tenido un parto en agua, por lo que hubo dudas y cosas que planear y preparar. Eli fue el principal apoyo de que esto se lograra ya que reunió a todos los implicados en el hospital San Pedro -donde se tiene la tina especial para parir en agua- para hablar sobre lo que se necesitaba buscando que esto diera resultado. En esta reunión estuvimos el Dr. Ricardo Chapa, el Dr. Gerardo Dávalos (Director del Hospital), Poly, Eli, varias enfermeras, el Dr. Oscar González, mi esposo y yo. El Dr. Oscar y su esposa habían planeado un parto en agua meses antes sin embargo no se pudo concretar de manera natural y después de varias horas terminó en cesárea. Por lo anterior Oscar, que además fue quien trajo la tina, tenia mucha información y comentarios que nos ayudaron a prepararnos.
En la reunión se decidió que en el cuarto habría lo necesario para un parto natural y en caso de requerirse el quirófano estaría listo con todo el equipo e instrumentos para atender una cesárea o realizar una episiotomía. Además el cuarto es muy acogedor y todo se realizó en un solo lugar.
El hospital puso lo necesario conforme a los doctores (ginecólogo y pediatra), así que estábamos listos para cuando llegara el momento.
Teníamos como fecha probable de parto el 3 de septiembre y a principios de agosto sentíamos que teníamos suficiente tiempo para seguir planeando el nacimiento, pero el jueves 9 de agosto a las 6:00 AM me desperté y al pararme de la cama sentí un gran chorro de agua y sentí que se había roto la fuente. A las 10:00 AM comencé con contracciones cada 5 minutos, por lo que pensamos que ese mismo día nacería Adrián. Nos comunicamos con el ginecólogo y nos dijo que debíamos esperar a que las contracciones fueran más frecuentes. Así hicimos y pasamos todo el jueves con contracciones cada 5 minutos. Conforme pasaba el tiempo y no avanzaba el trabajo de parto nos fuimos haciendo a la idea de que tal vez no podríamos tener un parto en agua. Fuimos el viernes a ver al ginecólogo y después de un examen nos dijo que la fuente no se había roto y que todo estaba en orden que deberíamos seguir esperando. Todo el viernes siguió igual y no avanzaba el trabajo de parto.
Fue hasta el sábado a las 5:00 AM que comencé con contracciones cada 3 minutos y fue entonces que nos fuimos al hospital. Hablamos con el ginecólogo y con Eli que ya íbamos en camino.
Al llegar el doctor dijo que teníamos que esperar ya que apenas tenía un centímetro de dilatación y un 80 % de borramiento y que creía que para la tarde nacería Adrián.
Con ayuda de Eli y mi esposo preparamos el cuarto. Teníamos una grabadora con música suave y aroma de lavanda que es relajante. Utilicé un TENS que ayudo a sobrellevar las contracciones de una mejor manera. El TENS es un aparato con una batería de 9 volts que se conecta a dos terminales que se pegan en la parte baja de la espalda. Al tener una contracción yo podía regular la corriente que quería que llegara a la base de mi espalda. Dicen que esto es como tener una epidural, pero sin ser invasiva te distrae el dolor y la contracción es más llevadera.
A los 4 cm de dilatación mi esposo preparó la tina con agua a 35 grados y me metí en ella por espacio de 2 horas.
El tener las contracciones dentro del agua me ayudó mucho a manejar el dolor de espalda y las respiraciones controladas, el dolor de cada contracción.
El agua me aligeró el peso de mi panza lo que me permitió descansar y relajarme un poco y siento yo que esta relajación ayudó a que tuviera una dilatación más rápida. Salí después de 2 horas con 7 cm de dilatación. Al contrario de lo que mucha gente piensa no estuve todo el tiempo en el agua. La tina es sólo para estar a ratos. Estuve en el cuarto, caminando, acostada, durmiendo, sentada en la pelota y haciendo ejercicios para abrir la pelvis.
Me ayudó mucho tener un lugar relajado, si presiones típicas de un hospital, al grado que no use en ningún momento bata de hospital ni suero.
Cuando tenia ya 10 cm de dilatación decidimos que me metiera al agua y me puse en posición de cuclillas para facilitar la salida del bebé.
Al llegar la hora todos estaban en torno a la tina: el ginecólogo y el pediatra atendiendo el parto y mi esposo y Eli apoyándome.
El bebé nació a las 8:50 PM y nació debajo del agua, estuvo un instante debajo del agua y lo sacaron. Para nuestra sorpresa Adrián estaba enredado con el cordón umbilical en el cuello. Esto nos dice que aunque un bebé venga enredado puede nacer por un parto vaginal en contra de lo que muchos doctores opinan.
Me dieron a mi bebé y fue lo más gratificante; tenerlo conmigo valió la pena todo lo que esperamos.
El bebé estuvo flotando boca arriba asistido por el pediatra y conmigo durante 10 minutos. Durante ese tiempo lo estuvimos calentando con el agua de la tina y no necesitó incubadora a pesar de nacer 3 semanas antes. Por otro lado, a los pocos minutos de nacer me lo dieron para amamantarlo. Fue maravilloso ver el instinto de mi bebe.
Después de 10 minutos le entregué mi bebé al pediatra y salí de la tina para alumbrar en la cama. La placenta salió sola y sin ningún problema pocos minutos después ya que seguían las contracciones. El doctor se sorprendió de que no hubo ningún desgarre ni necesidad de episiotomía aun siendo primeriza. Yo siento que el agua ayudó mucho a que me relajara y no necesitara episiotomía.
Adrián pesó 2850 gr. y midió 53 cm.
Después de revisar a mi bebé el pediatra me lo dio para amamantarlo y estuve con él todo el tiempo que permanecí en el hospital. El bebé paso la noche con nosotros en el cuarto.
Al día siguiente en la mañana tanto el pediatra como el ginecólogo nos dijeron que podíamos ir a casa.
Mi esposo y yo estamos muy contentos con la experiencia que vivimos. No fue fácil conseguir lo que queríamos pues tuvimos que ir en contra de nuestro primer ginecólogo, familia y amigos que consideraban que era muy arriesgado tener un parto en agua.
Nosotros en ningún momento hubiéramos permitido que el bebé o yo estuviéramos en riesgo y es importante, pues fuimos conscientes en todo momento y dejamos que los doctores tomar las decisiones médicas.
Definitivamente volveremos a tener un parto en agua, si las condiciones así lo permiten. Sentimos que para nuestro bebé fue menos traumática su llegada al mundo al estar en el agua un rato después de nacer. A mí me ayudo mucho a manejar el dolor y a relajarme. Además, por ser un parto natural, mi recuperación ha sido muy buena.
Hay mucho por hacer respecto a los procedimientos de parto en agua en nuestro país, pero se ha iniciado un buen camino para que muchas mamás puedan tener otras opciones además de lo tradicional. Lo recomiendo a todas aquellas que están en condiciones físicas y mentales para hacerlo”.