Archive for the 'Niños de 2 a 4 años' Category

Su oficio ? Preguntar y preguntar

h1 Miércoles, Diciembre 27th, 2006

¿Por dónde salen los bebés?. ¿Por qué papá no vive más con nosotros?. ¿Es verdad que los Reyes Magos son los padres?. ¿Qué quiere decir “morir”?. ¿Por qué el abuelo “se fue al cielo”?. ¿Yo soy adoptado?.

Alrededor de los dos años de edad, a poco de comenzar a pronunciar con claridad sus primeras palabras, los chicos aprenden a decir “por qué” y desde ese preciso momento los padres pueden estar seguros de que serán sometidos a una serie de pruebas muy difíciles de superar.

El menú de “preguntas difíciles” se multiplica si a las clásicas sobre la sexualidad y la muerte se agregan aquellas sobre cuestiones abstractas. También ciertas circunstancias de la vida, como un divorcio, hacen complicada una respuesta. Aunque en el caso de la separación los chicos suelen no sorprenderse -porque perciben el conflicto desde antes- y es probable que no pregunten al respecto hasta que empiece a vivir la realidad de qué es una separación. En ese caso, nuevamente hay que ir con la verdad y dejar en claro que una cosa es la función de padres -que no se termina- y otra el amor de una pareja.

DE DÓNDE VENIMOS

Hay edades donde los chicos tienen temas que les interesan más que otros. Todo lo que se relaciona con la sexualidad, la procreación y los hermanitos puede aparecer cuando algún familiar está por tener familia. Si no, ese interés comienza a partir de los tres años y se va acrecentando entre los cuatro y los cinco.
Si el chico pregunta “¿de dónde vienen los bebés?”, Entonces habrá que indagar: “qué quiere decir de dónde vienen?, ¿Por dónde salen o cómo llegan hasta la panza de la mamá?”, Para ir distinguiendo qué es lo que pregunta exactamente.
Antes de preguntar algo, ellos ya tienen una teoría armada. Pero es una teoría mágica y fantástica. Es muy común que los chicos fantaseen con que si comen algo quedan embarazados. Además, a los cuatro años todavía no hay una diferencia sexual en el sentido de reconocer la función de cada uno de los sexos. Todavía hay una indiscriminación de quién puede tener un bebé o no. Por eso es bueno también ir comenzando a decir estas cosas: “la mamá o las mujeres son las que tienen bebés”.
Muchas veces, más o menos a los tres años, si van a tener un hermanito, tienen la fantasía de que es de ellos, que les pertenece a ellos y a la mamá. Porque todavía no tienen una noción clara de la función paterna. Algunas madres refuerzan esto, dándoles la razón. Pero en realidad deben decirles: “es tu hermano, lo hicimos mamá y papá”.
Como los chicos no saben cual es la función que cumple el hombre y la mujer para tener un bebé, si uno les dice que “los padres se quieren y se aman y se abrazan fuerte”, pueden entender que ellos también pueden tener un bebé. Es importante decirles cuál es la diferencia, con su vocabulario.

LA MUERTE

Las preguntas sobre la muerte se les ocurren a los chicos a partir de los cuatro a seis años. No necesariamente tiene que morirse un familiar, aunque si ocurre seguramente van a preguntar. Los chicos que sufren la muerte de algún familiar cercano antes de esta edad, lo viven mucho más naturalmente que una persona adulta.
No saben exactamente de qué se trata, no tienen mucha noción de lo que le pasa a esa persona que se murió. Pero uno debe darles alguna explicación, religiosa o no, sobre dónde está esta persona. Algunos les dirán que está enterrado, otros que su alma está en el cielo y los cuida… o que los recuerdos y el amor que se tienen de esa persona están dentro del corazón. Siempre hay que dejar en claro que esa persona no va a volver, para no generar expectativas. Es muy importante qué palabras se usan y, aunque sea muy doloroso, siempre es mejor la verdad que la mentira.

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Como juegan los chicos de 2 a 3 años

h1 Jueves, Noviembre 23rd, 2006

La adquisición del lenguaje desencadena nuevas capacidades de juego en los chicos de esta edad. Del juego paralelo pasan al juego compartido y socializado. Asimismo, la abstracción y la imaginación abren nuevas posibilidades de juego simbólico.

Si se les pregunta a los chicos qué es lo que más le gusta hacer, la respuesta suele ser unánime: jugar, jugar y seguir jugando. Durante la infancia, el juego es una manera de vivir. Pelotas, bloques, muñecas y autitos son sólo algunos de los objetos que eligen los chicos para construir sus propios mundos y dar rienda suelta a la imaginación. La realidad que los rodea se transforma y, a través de la experiencia lúdica, elaboran situaciones cotidianas vinculadas a su propio crecimiento.

Así, los chicos empiezan a adaptar su entorno a las circunstancias que ellos desean. Es un momento de juego egocéntrico. “A los dos años aparece lo que se llama el ‘juego simbólico’ - explica Luciana Révora, psicopedagoga – El chico puede empezar a pensar sobre lo que no ve directamente, sobre cuestiones un poco más abstractas”. Una muñeca, por ejemplo, se convierte en la hija que hay que ayudar a dormir. Una silla se transforma en una casita en donde esconderse y sentirse protegido. Los objetos dejan de ser blanco de descarga física para ser utilizados como símbolos de situaciones intangibles. La representación reemplaza a la exploración sensorial.

Sin embargo, se trata todavía de una experiencia individual, de un “juego paralelo”, en el que los chicos comparten el espacio físico para entretenerse, pero no interactúan. “Cuando Pedro tenía dos años, me llamaba la atención que no quisiera compartir el juego con los hijos de mis amigas. – recuerda Florencia, su mamá - Cuando nos reuníamos, los chicos pasaban largos ratos jugando, pero cada uno por su lado. Recién un año después empezaron a vincularse entre ellos y a jugar en grupo”.

Es a través de la adquisición del lenguaje que los chicos empiezan a embarcarse en el proceso de socialización y a desarrollar la capacidad del juego compartido . “Ya a los tres años aparecen los primeros juegos de roles. La mamá y la hija, y la maestra y la alumna son dos de los más comunes”, señala la psicopedagoga. Los juegos reglados también son característicos de esta etapa, que a su vez coincide con el inicio del jardín de infantes.

Asimismo, las marcas de las frustraciones, los miedos y las ilusiones también aparecen en la instancia del juego. Una visita al pediatra o el primer día de clases son algunas situaciones que los chicos recrean jugando. De esta manera, descargan la tensión que les producen esas circunstancias y convierten lo temido en disfrute. Para los padres, esta modalidad de juego puede resultar útil a la hora de preparar a sus hijos para situaciones nuevas. A través de la dramatización de acontecimientos desconocidos, preparan a los chicos para enfrentarse a lo que vivirán.

¿Qué rol deben cumplir los padres en la experiencia de juego de sus hijos? Lo más importante, según la psicopedagoga, es prestar atención al modo en que los chicos juegan. Escucharlos hablar y observar sus comportamientos son maneras de entender qué les está pasando. El juego se convierte así en una mirilla por la que se puede conocer mejor su mundo interior

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¿Es Momento de Dejar los Pañales?

h1 Sábado, Noviembre 18th, 2006

Existe una confusión bastante extendida sobre el tema de dejar los pañales. Muchas mamás creen que es algo que pueden enseñarles a sus hijos. La realidad es que para que un niño pueda dejar los pañales tiene que tener la suficiente madurez física, madurativa y psicológica. Si no, por más paciencia y pedagogía que invierta la madre en el intento, terminará en un rotundo fracaso y –peor aún– podría acarrear consecuencias para su hijo en el futuro. El control de esfínteres no se aprende: se adquiere.

Igualmente difundida está la idea de que es algo que debe hacerse en verano. Probablemente este concepto quedó de épocas de pañales de tela y lavado a mano. Es innegable que si el momento llega con el calor, las cosas serán más fáciles, pero hoy los pañales descartables y las facilidades del lavado hacen que el proceso pueda ser posible en cualquier clima.

Aunque no sea algo puedan enseñarles a sus hijos, es mucho lo que los adultos pueden hacer para ayudarlos y asegurar una transición armoniosa tanto para el bebé como para ellos mismos.

El momento

En términos generales, el control de esfínteres se inicia en algún momento entre los 18 y los 24 meses, aunque puede ocurrir –y es perfectamente normal- alrededor de los tres años.

¿Cómo sabe la madre de que es el momento adecuado? Es el mismo hijo quien se lo comunicará, mediante determinados signos de madurez o preparación:

    * El deseo de estar limpio: muestra disgusto por los pañales mojados.
    * Permanece seco por más de dos horas o se despierta seco de una siesta.
    * Camina solo con seguridad y sabe subirse y bajarse los pantalones.
    * Pide ir al baño, aunque sea por curiosidad.
    * Quiere usar ropa interior “como los chicos grandes”.
    * Se da cuenta cuando tiene ganas de ir al baño.
    * Puede entender y decir cosas como “mojado”, “seco”, “pelela” o “pipí”. Hace preguntas al respecto.
    * Tiene un sentido de lo socialmente correcto e incorrecto (vergüenza por tener los pantalones mojados).
    * Pide usar la pelela o el inodoro.
    * Juega a trasvasar líquidos, señal de que registra el concepto de continencia.

Es muy recomendable discutir estos signos con el pediatra durante la visita de rutina. Él ayudará a los padres a determinar si efectivamente el niño está listo para comenzar a dejar los pañales. Otra recomendación es evitar que este hecho coincida con otro cambio importante en la vida de la familia.

Los elementos

El objetivo final será que el chico pueda usar el inodoro, igual que toda la familia. Pero para comenzar, es preferible utilizar una pelela o un adaptador especial para inodoro. Una encuesta realizada por el Instituto Pampers muestra que el 57 por ciento de las madres (de un total de 12.000) prefieren la primera opción sobre la segunda. El argumento más fuerte en este sentido es que el inodoro puede atemorizar o inhibir a los niños y que la posibilidad de apoyar los pies en el suelo les brinda seguridad y confianza. El adaptador de inodoro, por su parte, presenta la ventaja de ser más fácil de higienizar y de facilitar la transición al inodoro. Si se opta por la pelela, aparece una segunda decisión: ¿será utilizada sólo en el baño o circulará por toda la casa? Hay quienes consideran que la pelela debe ser un elemento más de los juegos y movimientos del niño dentro del hogar. Así, cuando lleguen las ganas de ir al baño, puede hacerlo inmediatamente, no importa dónde esté. Por el contrario, otros consideran que desde el primer momento debe quedar claro que se trata de acciones privadas, que deben realizarse en un ámbito específico, con lo cual prefieren no sacar la pelela del baño. La decisión depende del estilo y las preferencias de cada familia.

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